Sólo la memoria nos salva: suceden hechos históricos


Dos hechos históricos acaban de suceder en el país de los argentinos y no muchos compatriotas se percataron. El primero de ellos sucedió este 10 de Diciembre: los restos restituidos de 9 hermanos Qom fueron trasladados desde Buenos Aires a Colonia Aborigen Napalpí, Chaco, allí donde habita aquel pueblo originario.


Hasta ahora nomás, cuando usted visitaba el Museo de La Plata, inmenso, majestuoso, podía visitar desde fósiles de mamíferos como gliptodontes, megaterios, osos y tigres dientes de sable, habitantes de los pastizales pampeanos, hasta restos cadavéricos de los dueños de estas tierras del sur del mundo que hoy llamamos Argentina: nuestros hermanos, los indios.

Los cráneos dolientes de los asesinados en las Campañas del Desierto, la del sur y la del norte, lucían en las vitrinas museológicas, para vergüenza de la condición humana. La memoria viva de los Qom en el Gran Chaco y los Mapuches y otros pueblos en la Patagonia, hizo que reclamaran durante décadas por la restitución de los restos mortales de sus hermanos fusilados a su tierra natal. Es una lección de memoria a corazón abierto.

Han pasado más de 130 años de aquellas primeras masacres realizadas por el Estado contra nuestros pueblos originarios.

Recordemos, ya entrando al siglo XX la Masacre de Napalpí, en 1924, y que fuera quizá la más cruel de todas, la que avergüenza nuestra humanidad, la que arrojó a uniformados y civiles sedientos de poder y latifundio a masacrar niños, mujeres, jóvenes y ancianos, con la frialdad de quien alisa un terreno para sembrar la muerte.

Sucedieron después otras masacres que le siguieron en crueldad y odio.

La Masacre de Margarita Belén, durante la dictadura cívico militar, el 13 de Diciembre de 1976, pudo ser reparada en parte por la memoria de los sobrevivientes que, lejos de pretender justicia por mano propia, posibilitaron que los genocidas fueran condenados haciendo uso de su defensa en los tribunales que los juzgaron con la garantía de la ley; garantía que ellos no otorgaron a sus víctimas.

Sólo la memoria nos salva. Si esos sobrevivientes de la generación diezmada no hubiesen testimoniado dignamente, el olvido hubiese sido nuestro triste destino. Que nadie olvide.

El otro hecho reciente, rescatado por la memoria y la dignidad y la implacable tarea de los testigos y sus defensores legales, fue la condena, por primera vez, de dos altos directivos de la empresa Ford por ser partícipes necesarios en los secuestros, tortura y desaparición de obreros en su planta de Pacheco, en el Gran Buenos Aires.

Por eso cuando se dice dictadura “cívico-militar” no se está recurriendo a una “marca de ocasión”. Se está diciendo que fueron los civiles los que impulsaron, planificaron, empujaron y decidieron el quiebre de la democracia, el quiebre de la vida.

En otro orden de dignificación de la condición humana, las Actrices Argentinas vienen de ofrecer un testimonio que apunta a ser una bisagra ética en la convivencia social y cotidiana. La denuncia de violación hecha pública de la manera luminosa como ellas lo hicieron, nos alumbra caminos hacia una sociedad mejor, más justa, más libre y más bella.

La vigencia y la dinámica de estos tres hechos singulares y diferentes parecen demostrar que continúa y se profundiza el disloque entre la conciencia social que fluye por abajo colectivamente y las instituciones conservadoras que sostienen la república de los argentinos. Los nuevos paradigmas iniciados durante la pasada década, con Néstor y Cristina para ser más claros, siguen abriéndose paso en medio de este país en quiebra por las políticas neoliberales implementadas por el gobierno de Mauricio Macri. Esta contradicción entre el país real y el país superficial deberá resolverse más temprano que tarde y no por el lado del neo fascismo sino por su lado antagónico: el lado de los intereses nacionales, populares, democráticos, feministas y latinoamericanistas.

Si la memoria sigue ganando la partida contra el olvido, la esperanza seguirá intacta.

Habrá que reconstruir desde estos mojones de nuestra historia.

Estamos ante un desenlace no imaginado por nadie. Algo va a suceder y no sabemos qué ni cuándo.

Pero un país que tiene un sector de la justicia que empieza persiguiendo opositores y cuando avanza en su investigación se topa con Paolo Rocca, el más poderoso empresario argentino y con el padre y el hermano del presidente de la nación y se destapan ollas mal olientes por aquí y por allá, no sólo que demuestra la descomposición del sistema sino que crea las condiciones para edificar un país mejor, que valga la pena ser vivido.

En memoria de Rodolfo Walsh hoy podríamos decir: Hay un pueblo fusilado que vive, que espera, que lucha y acuna la hora de su destino y de su cita con la historia.

Que así sea.

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