Diferentes formas de habitar la escuela


Por Paula Eraldo y Cristian Paradiso (Trabajadores de la Educación) La coyuntura sensibiliza a propios y extraños, pero la virtualidad como una de las formas de habitar nuestra realidad impera desde mucho antes de que llegara la pandemia. Ya para los más grandes, aquellos que en nuestra juventud usábamos el msn o frecuentábamos el ciber para jugar en red, la posibilidad del encuentro existía en un conjunto de ceros y unos y ocupaba una parte importante de nuestras vidas. Ya en ese momento la tecnología avanzaba a un ritmo que dejaba atrás los cambios en la escuela. La pandemia y sus consecuentes medidas sanitarias pusieron en relieve las distancias entre el sistema tecnológico y las expectativas de la escuela. Desde aquí, discutir la presencialidad será entonces entrar nuevamente en una discusión sin salida, porque no se trata de una cosa o la otra, sino de las dos. Habitar ahora es poder encontrarnos la virtualidad, como hemos hecho tantas veces. La virtualidad tiene que encontrarnos abordando la tarea docente con el mismo optimismo de siempre.


La ruptura de la diégesis

En el pasado habitábamos espacios virtuales gestionando blogs o armando publicaciones autogestivas y compartiéndolas en un muro de Facebook. Encontrábamos un espacio de expresión contracultural y nos vinculábamos de este modo generando modelos culturales nuevos, por fuera los espacios habituales. Hoy parece que lo virtual ingresa a empellones, casi de manera precipitada, y rompe todas nuestras estructuras. Daría la sensación de que estamos ante una ruptura de la diégesis: la narración de lo presencial se rompe y lo que se narra contradice nuestra cotidianidad, por ejemplo es falso aquellos que dicen que en el 2020 no hubo clases (primera ruptura de la diégesis). Es falso que aunque los estudiantes no vieran a los profesores, y aunque los aprendizajes no fuesen equivalentes a los que se hubiesen dado en un aula, no hubiese habido aprendizaje (segunda ruptura de la diégesis). Es falso que los estudiantes tienen que estar en el colegio porque sus padres no saben qué hacer con ellos (tercera ruptura de la diégesis). Esta ruptura diegética fue propuesta por el gobierno de la ciudad y por los medios de comunicación que pusieron en cuestionamiento si la escuela debía estar abierta en pandemia.


¿Cómo abrir algo que nunca llegó a cerrarse? La virtualidad fue la institución que tuvimos que defender con ejercicio docente para que nuestros estudiantes sigan aprendiendo en un contexto de crisis único en la historia reciente. Entonces, ¿es posible salir de esta discusión, encontrar los argumentos para resignificar nuestra labor docente? Una salida a esta discusión es socializando nuestra experiencia de educación virtual y cooperando en la construcción de proyectos y materiales con pares. En lugar de debatir la virtualidad, construirla colectivamente.


Riqueza del conocimiento y la tecnología

También nos preocupa que aquellos estudiantes sin acceso a una educación virtual no puedan participar de manera activa en una clase. Para tener en cuenta algunos datos, el 95% de los estudiantes de escuelas privadas a nivel primario tiene acceso a internet en comparación con el 75% de los estudiantes de escuelas públicas. En este sentido existe una brecha del 20% de acceso a conexión de red. En equipamiento, la brecha aumenta un 40%, ya que el 86% de los estudiantes de escuelas privadas tiene la tecnología necesaria (en algunos caso más de un dispositivo) para participar de una clase, frente a un 46% en el caso de los estudiantes de escuelas públicas. Mientras tanto, medidas como la declaración de servicio esencial de las telecomunicaciones no son cumplidas por las empresas.


Ante esta realidad no nos queda otra que alzar nuestra voz y pedir un Estado mucho más presente, proactivo e supraterritorial, para que todas las escuelas que lo necesiten puedan sumarse a esta modalidad virtual. La tecnología es una realidad que nos compromete a pensar cómo llegar a todos para no dejar fuera a nadie y no seguir construyendo diferencias sociales.


Una didáctica del trabajo cooperativo

Internet es un gran recursero de herramientas digitales así como una plataforma a partir de la cual realizar una construcción colectiva de conocimientos y estrategias pedagógico-didácticas. Nos permite socializar los materiales con colegas y entusiastas, poner en manos de todo nuestro compromiso para mejorar de manera cuantificable nuestras prácticas y la calidad de nuestro esfuerzo como docentes.


No hace falta más que ver las experiencias llevadas por cada uno de los docentes durante el año 2020, para darnos la posibilidad de generar saberes, arte y cultura con modelos educativos realmente inclusivos, donde lo educativo abra la posibilidad al debate y al conocimiento.


Proponemos construir un punto de encuentro desde el cual socializar nuestras experiencias y ayudarnos entre todos a superar nuestras dificultades, así como a salir de nuestra zona de confort, generando actividades, juegos y estrategias que nos permitan enriquecer nuestra práctica pedagógica en la virtualidad o a distancia.


Nos desborda el entusiasmo al ver los ejemplos de tantos docentes que están explorando y creando herramientas educativas de las cuales todos podemos beneficiarnos. Desearíamos sacar provecho de esta coyuntura tan anómala para encontrarnos y, a través de un click, enriquecernos en la construcción colectiva de una práctica pedagógica que seguramente tendrá efectos una vez que esta pandemia haya pasado y podamos retornar a nuestras aulas. Este momento tan difícil en el que la virtualidad se nos impone es, a su vez, un momento idea para aprovechar las ventajas que esta misma virtualidad nos brinda: para encontrarnos, para acompañarnos, para compartir experiencias e ideas, y para construir prácticas pedagógicas colaborativas que nos permitan seguir creciendo como docentes. Sigamos siendo creadores de nuestra escuela aun detrás de nuestros escritorios o frente a nuestras cámaras.

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