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"División Palermo": La producción nacional que combina inclusión y humor sin corrección política



Líder de audiencia de Netflix durante varias semanas, “División Palermo” se convirtió en un fenómeno de la industria nacional sorpresivo, inesperado y bienvenido. El humor irreverente que muestra la serie, un guion basado en el poder de la risa, algunas actuaciones formidables y otros detalles que redondean el producto lo erigieron como lo más destacado de un comienzo de año muy nutrido en las plataformas de streaming.


Santiago Korovsky se revela como un director certero y un guionista despierto, y se mete entre los muy interesantes creadores cinematográficos que tiene el país de su generación. Artistas —como Nahuel Pérez Biscayart y Martín Piroyansky— que no solo actúan con credibilidad frente a la cámara, sino que también son capaces de cargarse en su espalda todo un proyecto.

Uno de los temas centrales de “División Palermo” es la inclusión, aunque observada y analizada desde una perspectiva indolente y socarrona como pocas veces se animó a hacerlo la ficción argentina. Crónica irónica sobre los cuerpos parapoliciales que se forman para colaborar con la seguridad, la guardia urbana que muestra la serie está compuesta por un ciego, un enano, un boliviano, un trans, una paralítica, un sordo, un gordo y un judío, todo en pos de hacer parte a las minorías del cuidado ciudadano.

La creación de la guardia con fines políticos (hay una ministra de Seguridad patéticamente real) es uno de los ejes de la serie, que muestra cómo el poder tiene más decisión en encajar en algunos discursos correctos que en preocuparse por los problemas de fondo.

Otro punto que subyace en la mente de Korovsky es la molestia que genera en las huestes policiales la incorporación de cualquier innovación que interfiera en sus tareas o en sus negociados. En la serie, los oficiales de Policía —convencidos de que son los únicos capacitados para combatir el delito— les hacen la vida imposible a los entusiastas nuevos oficiales, quienes encima deben soportar las críticas de una sociedad que exige y cuestiona el tratamiento de los fondos públicos.

El punto de la comedia está justamente en la incapacidad (física y de formación) que tienen los guardianes para llevar adelante su tarea en una jungla como Buenos Aires (el título se sitúa en un barrio central, pero se extiende por toda la ciudad) dispuesta a comerse a cualquiera que esté fuera de la norma. Y los integrantes de “División Palermo”, de una manera evidente, lo están.

Para llegar a la compresión, un argumento tan fuerte no sería del todo ejecutado si no fuera por las estupendas actuaciones que conforman la historia. A un serio Korovsky en la piel de un joven a quien su padre lo deja sin trabajo y su novia sin proyectos, y entra de casualidad a la guardia se suma en el podio a un soberbio Daniel Hendler, como el psicólogo a cargo del grupo especial de tareas.

Pilar Gamboa deslumbra como una mujer en silla de ruedas que odia la piedad ajena; Carlos Belloso es un sicario sensible que mata con frialdad y llora con intensidad; Marcelo Subiotto es el comisario corrupto que no falta en las series; Martín Garabal es el policía que cambia de parecer en medio de la serie, y Alan Sabbagh muestra su habitual solvencia como el dueño de una juguetería heredada de su abuelo que para salvarse de la crisis debe entrar en el negocio de las metanfetaminas.

A ellos se suma el puntano Agustín Rittano, cada vez más inmerso en el mundo audiovisual de Buenos Aires (ya participó en “Santa Evita” y “Argentina, 1985”, por ejemplo), quien aun en un papel pequeño revela su profesionalismo.

El guiño noventoso que terminó por convocar a esa generación detrás de “División Palermo” —el autor nació en 1985— se concentra en la elección musical, con dos temas que sobresalen y consiguieron despertar la memoria emotiva de los espectadores. Uno es la recuperación de “Dulce obsesión”, un hitazo de Cheiro de Amor que en Argentina hizo famoso Cid Guerreiro, el hitmaker que escribió casi todas las canciones de Xuxa, y que en la serie aparece cantada en dos versiones por artistas argentinos. Y el otro es “Me haces tanto bien”, la calenturienta puesta a punto de Amistades Peligrosas que le pone ritmo y pulsión a uno de los muchos momentos divertidos de la serie, que en la última escena del último capítulo deja a la espera de una segunda temporada.


Por último ,tras el éxito de audiencia, la serie argentina creada y protagonizada por Santiago Korovsky tiene asegurados más episodios. La serie tendrá una segunda temporada en Netflix, tal como se confirmó a través de un video.


Fuente: Noticia extraída de El Diario De La República

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