Güemes, el general del pueblo

Por: Laura Vázquez

Tardío e igualmente bienvenido ha sido el reconocimiento hacia el accionar independentista del General Martín Miguel de Güemes en nuestro país. Todo es conmovedor en la vida de este protagonista de las batallas decisivas en el proceso de liberarnos de España, quien muriera en acción a una muy temprana edad, hecho que lo convierte en único en la memoria de un pueblo, que es el nuestro. Esta nota no es historia sino homenaje cotidiano e imprescindible. En el día de hoy, con un feriado que no coincide con la fecha real de su muerte y en medio de la pandemia que necesita una Argentina unida y solidaria, tenemos presente en nuestra historia y memoria a este hombre, que desplegó a lo largo de su corta vida una inobjetable lección para todos.


Libres e iguales

Dentro de la intensa vida militar y política de Güemes, durante sus últimos ajetreados años en los que se definía el destino de nuestra Patria, es posible distinguir un claro hilo conductor de una estrategia inclaudicable: liberarnos de la opresión española. No hay acción de este general ajena a la visión y acción del general San Martín y por lo tanto a la visión emancipadora continental.  

En ese camino, comparte con otros protagonistas de las guerras de la Independencia la concepción de integrar con plenos derechos, en este caso, a los gauchos, construyendo un ejército popular incorporando a todo el pueblo en batallas decisiva contra los españoles. Este ejército de gauchos  conocido como “los infernales” es consecuencia de que le fuera negado desde el gobierno ( de carácter centralista) contar con la asistencia pedida y correspondiente a las circunstancias, un factor que no influyó ni en la voluntad ni el accionar de este patriota. Así lo comunicaba el 12 de septiembre de 1815 al Director Supremo del Estado:    

“No dudando del beneplácito de V. E. he organizado una división de caballería compuesta de dos escuadrones de a dos compañías, cada una de cien plazas; y he dispuesto se les instruya en todo lo necesario al desempeño del servicio de infantería, para que puedan ser ocupados así a pie como a caballo, con la denominación de División Infernal de Gauchos de Línea. A la fecha se halla con la fuerza que manifiesta el Estado que adjunto a V. E. armada por ahora con fusil y bayoneta. Su disciplina es ya regular en una y otra arma, tanto que la considero suficiente para el desempeño del servicio en campaña y en guarnición.”

No es menor la acción política como gobernador que desempeña entre los años 1815 y 1820, cargo en el que se gana la enemistad de los más poderosos que, una vez más, no dudan en aliarse con el interés extranjero y opresor con tal de no perder sus privilegios. Se juegan las dos dimensiones que recorren nuestra historia: la desigualdad interna y la necesidad de liberarnos de nuestro opresor externo, y en ambas, la acción político-militar de Martín Miguel de Güemes, tiene la determinación y firmeza tanto como la claridad de los objetivos, sin importarle las consecuencias. Sus concepciones llevadas a la práctica también podemos verlas en cómo se dirigía a su ejército en una de sus habituales prédicas:

“Por estar a vuestro lado me odian los decentes; por sacarles cuatro reales para que vosotros defendáis su propia libertad dando la vida por la Patria. Y os odian a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados y esclavizados por ellos. Todos somos libres, tenemos iguales derechos, como hijos de la misma Patria que hemos arrancado del yugo español. ¡Soldados de la Patria, ha llegado el momento de que seáis libres y de que caigan para siempre vuestros opresores!”.

Muerto en batalla, con tiempo para ordenar el triunfo sobre los españoles.

El desenlace de su corta vida y los sucesos que rodearon su muerte nos comprometen con lo más alto del amor a la patria de esta historia tan nuestra. Luego de ser herido Güemes sobrevivió lo suficiente como para ordenar el traslado del mando y los pasos siguientes, pasos que se concretaron cuando el 22 de julio de ese mismo año, 1821, su ejército derrotó a los españoles quienes tuvieron que retirarse para siempre del territorio salteño.

Nunca mejor elegida. su fecha de muerte como Día de la libertad latinoamericana, ya que esa libertad tuvo a Güemes en la primera línea, junto a San Martín, Belgrano y tantos otros y otras luchadores y luchadoras por nuestra Independencia. Quizás lo que varíe aquí es la popularidad en el mejor de sus sentidos, el grado de reconocimiento que se selló en esos hombres y mujeres, y que se visibilizó en la despedida como podemos reconstruir en las palabras de Juana Manuela Gorriti, quien tenía seis años en ese doloroso momento y nos lo relata así: “Todavía recuerdo el magnífico espectáculo de aquel cortejo fúnebre que vi atravesar las calles de Salta, conducido por mi padre y por Vidt, que vestidos de luto y la cabeza descubierta, llevaban con una mano las cintas de un ataúd y con la otra a dos niños. Martín y Luis Güemes, que acompañaban llorando el féretro de su padre. Detrás venían dos bellos corceles en arneses de duelo. Veíase a uno de ellos volver tristemente la cabeza, como si buscara a alguien. Era aquel “Negro”, testigo de tantas glorias y compañero del héroe hasta la muerte”. “Después del fúnebre grupo venía una inmensa muchedumbre, pueblos enteros que desde larga distancia habían venido para tributar al gran hombre su ofrenda de lágrimas y plegarias [...] La ciudad guardaba un profundo y doloroso silencio, interrumpido sólo por el clamor de las campanas, las preces de los sacerdotes y los sollozos de la multitud [...] La fúnebre procesión pasó ante mis ojos como una visión mística, perdiéndose en el pórtico y las profundas naves de la catedral donde sepultaron las reliquias del héroe, al pie del tabernáculo”.Juana Manuela Gorriti,  Recuerdo de la infancia, Salta,1858.


No nos motiva sino el recuerdo y la reflexión sobre nuestra historia, para traer al presente y a las batallas (tan distintas en ciertos aspectos y tan iguales en otros) del presente, en este siglo XXI, la necesidad latente de alcanzar una sociedad de libres e iguales, de democracia e igualdad y para ello, la imprescindible soberanía, en todos los órdenes de los derechos del pueblo. Nos decía Güemes y hoy así lo recordamos:  

«A nada temo, porque he jurado defender la Independencia de América, y sellarla con mi sangre. Todos estamos dispuestos a morir primero, que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable.»

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