Profesionales de la salud: hartos de estar hartos

La pandemia por COVID-19 no se limitó a exponer nuestras más preciadas miserias como sociedad: las amplificó, las vociferó y las reprodujo incansablemente. Los profesionales de la salud son actualmente principales victimas de este fenómeno contemporáneo .




En una reciente nota de opinión en el Washington Post, la doctora María Eugenia Quintana pone en palabras angustiantes el cansancio que los profesionales de la salud han sufrido en estos dos largos años de pandemia. Los aplausos (escasamente sostenidos en el tiempo) dieron paso a expresiones de enojo, agresividad y discriminación hacia aquello que -muy al principio- se celebraba.


"Las agresiones van desde los infames carteles artesanales pegados en las puertas de los departamentos andate, nos vas a contagiar a todos, pasando por los reproches públicos de las máximas autoridades políticas “los profesionales se relajaron” hasta llegar a la violencia directa y personal -violencia que siempre estuvo presente en el sistema de salud, pero que la pandemia ha aumentado exponencialmente en su número e intensidad-", relata Quintana .


Su experiencia, que representa claramente a una gran parte de los profesionales en todo el país (sobre todo en estos últimos años) manifiesta : " Nobleza obliga, soy profesional de la salud, por lo que todo lo que diré estará teñido del color de quien “conoce el paño”. Y conocer el paño es simplemente admirar a mis compañeros, saber de su compromiso y entrega, de la angustia que los (nos) embarga frente a la incertidumbre de las ciencias, el enigma de la enfermedad, la falta de una adecuada política pública de salud, la ausencia total de capacidad de gestión y el sistema de esclavitud moderna en el "cual nos han insertado, eso sí, esclavitud inclusiva.


En este marco la doctora Quitana reflexiona : "Hay una clara perversión en una sociedad que desafía no solo las normas (en el sentido de ley formal) sino al propio conocimiento científico. La pandemia por COVID no se limitó a exponer nuestras más preciadas miserias, las amplificó, las vociferó, las reprodujo incansablemente.


Concluye: Hemos llegado a tal nivel de disparate que dudar, en vez de convertirse en el motor de búsqueda del conocimiento, se ha elevado a la categoría de derecho fundamental en base al cual todos tienen derecho a emitir una opinión, haciéndose del dislate, la incongruencia y la ignorancia una orgullosa cucarda."

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